¿Por qué una vida ordinaria no es suficiente en la actualidad? (Alain de Botton)

La primera pregunta que probablemente escuchemos en un nuevo encuentro, al reunirnos con alguien, es: ¿qué es lo que haces? Y de acuerdo con como respondas a esa pregunta, o serás elogiado y te convertirás en sujeto de interés, o te dejarán solo. Esto me sugiere que vivimos en un mundo de “imitadores”, “de copias”, “de hombres homogéneos”, o, mejor dicho, de “imitadores de fragmentos”. Es decir, personas que toman una pequeña parte de un sujeto (fragmento) y lo utilizan para llegar a un universal y rígido sentido de quién eres, y de cuánto importas. Que en el mundo de hoy no apunta a un linaje sanguíneo o a la cercanía con alguien famoso como solía ser. Apunta a qué trabajo tienes, y a cuán impresionantes son tus poderes financieros de acumulación. Y es según ese criterio que las personas te clasificarán de una forma u otra. Esto lleva a que comúnmente se escuche que vivimos en un mundo donde la acumulación material se ha convertido en el fin último. Pero no es realmente la riqueza, los autos deportivos y mansiones de lujo lo que anhelamos, sino que el amor y satisfacción que creemos estas cosas nos proporcionarán.


Eso nos lleva a una nueva forma de ver la codicia, ya que la próxima vez que veamos a un hombre con un súper auto deportivo, o con diez casas, no lo veremos como un codicioso y un materialista, sino como alguien con una intensa necesidad de amor, ya que no ha podido encontrar honor y respeto, satisfacción en una vida normal, sencilla y humilde, y, por lo tanto, necesita muchas cosas para sentir que tiene derecho a existir, y a ser reconocido como “alguien”.


Una de las nociones más peligrosas en la actualidad, es la noción de que todos pueden lograr cualquier cosa (por su propia “fuerza”) y escuchamos este mensaje en todas partes. Mensaje que por un lado puede incentivar a la acción, pero que a su vez encierra un peligro, porque si realmente se cree en un mundo donde todo depende exclusivamente del “esfuerzo”, cuán aplastado te sentirás, cuán humillado, si no lo consigues. Si ingresas a una librería hoy en día, encontrarás una sección de autoayuda, en donde básicamente hay dos tipos de libros: 1) cómo hacerse millonario en un abrir y cerrar de ojos; y 2) libros que te enseñan a lidiar con la baja autoestima.


El problema cuando se vive en una cultura que te exige ganar un millón de dólares en una tarde, es que te puede hacer caer en un problema de autoestima masivo. ¿Por qué? Porque uno se pregunta: ¿Cómo puedo tener una autoestima alta cuando voy a ser parte del 99% que no logra eso?


La mayoría de nosotros tendremos una vida ordinaria, entonces, ¿por qué hemos construido un mundo en el que una vida ordinaria no es lo suficientemente buena?


Todo lo que era fruto del trabajo de tantas generaciones anteriores, hoy se ha enfermado y el hombre moderno busca con ansias “imitar un fragmento” de alguien que es visto como superior (ontología ya hecha), para ser visto como extraordinario, como alguien al que los demás deben admirar. Y caemos en la tortura impuesta de ver la vida ordinaria como humillación e incompetencia.


El peligro hoy, yéndonos al extremo, es el suicidio. El peligro es que nos sintamos tan inadecuados en relación con las expectativas impuestas por una cultura enferma-enfermante, que optemos por poner fin a nuestras propias vidas. Algo que sucede cada vez más seguido, ya que sufrimos de una pandemia de malestar mental en gran parte generado por las expectativas de que nuestras vidas serán extraordinarias.


Nuestra falta de aceptación de nosotros mismos, la incapacidad de posicionarnos en el presente y de entablar relaciones sanas de pensamiento, nos ha enfermado. Por ello, el mensaje que se debe recordar en la actualidad es que está bien fallar, está bien ser “ordinario”, está bien no saberlo todo o controlarlo todo, porque uno no esta fijo en una ontología estática, sino que está continuamente haciéndose en relación con otros, en un trabajo compuesto con otros.


Cuando se comprende esto, la alegría-satisfacción ya no será entonces ganar 10 millones de dólares, sino tener una relación sana con los demás. Y así reunirse con un amigo a comer, a conversar, a andar en bicicleta, en resumen, conectar con la gente que aprecias, será suficiente.


Amor ya no va a ser perfección, sino un trabajo compuesto con otros que recomienza siempre en el presente, y que te permitirá moverte nuevamente hacia la salvación (salus) de pensamiento y de vida.


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